Había visto Chocolat, una película en la que una niña llama Pantoufle a su amigo imaginario.
Una presencia discreta, invisible para los demás, pero real e importante para ella. Un compañero silencioso, símbolo de esa libertad personal que pertenece a la imaginación, a las propias decisiones y a la propia manera de ser.
En ese nombre reconocimos una metáfora de lo que la inteligencia artificial puede llegar a ser
Una tecnología invisible en sus procesos, compleja en su funcionamiento, pero sencilla y natural en su relación con las personas. Una presencia discreta, amable, cercana, capaz de ofrecer apoyo sin imponerse, de acompañar sin sustituir, de estar ahí cuando hace falta.
Creemos que llevar la inteligencia artificial a la vida cotidiana significa ir más allá del simple procesamiento de datos. Significa diseñar tecnologías capaces de adaptarse a las personas, a sus necesidades, a sus costumbres. Tecnologías en las que la capacidad de comprender el contexto se une a la atención, al cuidado y a la sensibilidad humana de quienes las desarrollan.
De esta idea nace Pantoufle
Una empresa que ve en la inteligencia artificial la posibilidad concreta de devolver autonomía, apoyar las capacidades individuales y facilitar esos pequeños gestos a través de los cuales, cada día, se construye la propia independencia.
Como el amigo imaginario de Chocolat, imaginamos una presencia que no necesite ocupar el centro de la escena para ser importante.